viernes, 17 de mayo de 2024
Aceptar el sufrimiento. (Dedicado a todos aquellos que sufrieron el embate de ETA, en el Pais Vasco)
Hace algunos años Thích Nhất Hạnh ofreció un retiro para veteranos de la guerra de Vietnam. Muchos albergaban secretos y un terrible sufrimiento que nunca habían sido capaces de compartir con nadie y respecto al cual no encontraban alivio alguno. Nos sentamos en círculo, en actitud de escucha, y dejamos que cada veterano hablara de su sufrimiento. Con algunos de ellos, nos limitamos a sentarnos en silencio un largo rato antes de que fueran capaces de abrir su corazón y compartirlo con nosotros. Un veterano nos dijo que durante la guerra un día su unidad ataco a los guerrilleros. Los vencieron y llevaron a los heridos del Vietcong a su campamento como prisioneros. En su helicóptero transportaron a una guerrillera seriamente herida. Aferraba su hamaca. Los guerrilleros que Vivian en la jungla dormían en hamacas y llevaban consigo sus escasas pertenencias. Ella miraba el veterano de guerra con ira y odio. En su mirada atormentada, él sentía que lo acusaba. Antes de llegar a la base, la guerrillera murió en el helicóptero, sin dejar de mirarlo con dureza y frialdad. El veterano de guerra conservo la hamaca todos esos años y la trajo consigo al retiro.
En el retiro ofrecíamos enseñanzas para acoger nuestro sufrimiento y sostener con ternura nuestras emociones dolorosas. Todos nos entrenamos en el paseo y la respiración consciente, desarrollando nuestra calma y concentración. El vetarnos empezó a comprender que aunque se habían perpetrado actos terriblse durante la guerra, ahora podía realizar actos muy positivos y curativos para sanar las heridas del pasado.En el ultimo día de retiro oramos ante una hoguera para ayudar a los veteranos a liberarse del sufrimiento que arrastraban desde la guerra. Practicamos paseos de meditativos alrededor de la hoguera y animamos a cada veterano a arrojar al fuego aquellos objetos o símbolos que representaran su sufrimiento. El hombre permaneció largo tiempo junto al fuero, apretando fuertemente la hamaca contra su pecho. Se negó a echarla al fuego.
Una de las asistentes zen dijo al hombre: “Arroja la hamaca al fuego”. Pero él se negó. Estaba apegado a su sufrimiento. Thich se acerco a él y amablemente le animo a soltarlo con estas palabras: “Ahora eres una nueva persona y la compasión ha nacido en ti. No sigas apegándote a tu viejo sufrimiento, a tu culpa. Dame la hamaca”. Por último el hombre se la entrego a Tich. La asistenta zen y Tich la depositaron entre las llamas. Y tuvo lugar una gran transformación en el veterano. Se sintió mucho mejor, se sentía ligero y libre del peso que llevaba consigo, de la culpa y del dolor que había llevado con él y al que se había aferrado durante tantos años. Un texto un tanto libre de una historia zen contada por ese gran maestro zen llamado THich Nhat Hanh.
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