Acoso Psicologico.

viernes, 31 de octubre de 2025

Maltrato Psicologico la violencia silenciosa.

 


El maltrato psicológico: una violencia silenciosa que destruye vidas

Dos adolescentes, una chica en Sevilla y un chico en Lérida, se han quitado la vida. Según las informaciones, ambos casos están relacionados con acoso, abuso y maltrato psicológico. Más allá del dolor irreparable que esto supone para sus familias, estos hechos nos obligan a reflexionar sobre una forma de violencia que sigue siendo invisible para muchos: el maltrato psicológico.

Este tipo de agresión, especialmente en entornos educativos y sociales, es difícil de identificar, enfocar y demostrar. Los agresores suelen operar en silencio, utilizando estrategias sutiles para evitar ser descubiertos. Muchos de ellos, probablemente, arrastran heridas narcisistas que les permiten negar sus impulsos agresivos y sádicos. Pero no son los únicos responsables.

Los poderes públicos también tienen parte de culpa. En ocasiones, el clima emocional y social que permite el maltrato psicológico les resulta conveniente. No se puede ignorar el maltrato vinculado a la lengua en comunidades como Cataluña, la Comunidad Valenciana, Baleares, el País Vasco o Galicia. Cuando se denuncia este tipo de violencia, las administraciones lo niegan con rotundidad y despliegan todo tipo de estrategias para silenciar el problema.

Si un padre se queja en un centro educativo por la imposición autoritaria de la lengua vernácula, se le acusa de haber perdido los papeles. Su actitud se considera inaceptable, incluso sancionable. ¿Cómo se puede señalar a los ciudadanos por comportamientos inadecuados mientras las instituciones actúan con fanatismo y autoritarismo? El problema es que no se ajustan a lo políticamente correcto, y eso se convierte en una forma de tiranía.

Pero el maltrato psicológico no siempre se manifiesta con insultos o agresiones directas. También se ejerce en silencio, de forma sádica y persistente. Conozco un caso ocurrido en Villarreal (Castellón), donde una persona fue víctima de una forma de acoso extremadamente cruel: cada vez que salía a la calle, alguien se ponía a silbar delante de él. No era algo puntual, sino sostenido en el tiempo y en todos los espacios de la ciudad. Si intentaba defenderse, se le decía que estábamos en democracia y que cualquiera podía silbar donde quisiera.

Incluso estuvo a punto de sufrir agresiones físicas. Cuando finalmente denunció el caso ante la Policía Local, uno de los agentes se puso a silbar al verlo. Al comunicarlo a los mandos, estos mostraron incredulidad y defendieron la profesionalidad de sus compañeros. Le pidieron que identificara al agente, pero él se negó, por principios y por temor a represalias. Era su palabra contra la de ellos.

Este caso era conocido por toda la ciudad, pero resultaba casi imposible de demostrar o neutralizar. Y, como es lógico, le ha provocado un trauma severo, que aún hoy debe vigilar y controlar. Está jubilado por incapacidad psicológica.

Cada vez que veo noticias sobre maltrato, acoso y abuso psicológico en los medios, me invade la indignación. Los acosadores actúan con sadismo, amparados por un sistema que no tiene interés en acotar este tipo de violencia. El maltratador se escuda en lo políticamente correcto, y eso convierte su estrategia en una guerra sucia, brutal y profundamente injusta.