El acoso psicológico no se produce por generación espontánea.
Tienen unas claves, tiene unos motivos, perversos todos ellos. Inconfesables,
la victima está a merced de los caprichos de su acosador narcisista. Sea esta
una persona, Institución, empresa o cualquier otra clase de agrupación reunida
para hacer el mal. En el acoso psicológico no se trata de dialogar, ni de
argumentar, de igual a igual o en términos de cierta igualdad. Se trata de
imponerse en el tiempo sobre la víctima. El poder sobre la victima trae consigo
un componente destructivo. La victima tiene que ser consciente, en gran medida,
de que el fin último que busca el acosador es un fin destructivo. Se trata de anular a la víctima,
de neutralizarlo, personal y socialmente. Esto añadido que en ocasiones el
agresor parece instalarse cómodamente en la línea del tiempo. No tiene prisa,
su posición elevada de poder, le permite el acoso con total impunidad, sobre su
víctima. Entonces de esta forma el acosado, va integrando en su vida y en su
personalidad todas las formas perversas del acoso. Integrando su indefensión casi
de forma indefinida. Intoxicándose de ese acosos, integrándolo en si mismo, en términos
sociales, personales, laborales y de salud personal. La estrategia perversa no
aspira a destruir al otro inmediatamente, prefiere someterlo y mantenerlo a su
entera disposición. La victima del acosador, no es más que un objeto, no debe
de abandonar su posición de objeto. Un objeto que se puede utilizar, siempre
que convenga. El perverso no practica la comunicación, no le interesa, porque
con los objetos no se habla. El perverso elude la comunicación, no le interesa.
Como no habla, como no interactúa, impone una imagen de grandeza o de sabiduría,
incluso de gran espiritualidad. Como nada se habla con claridad, lo reprochado
puede ser cualquier cosa, que en esos momentos le convenga al acosador. El
acoso se puede interpretar como una descalificación permanente, incluso
definitiva. Al cosador no le interesa que tú dejes de ser un objeto a su
alcance. Le interesa que no abandones tu rol de objeto, que te puedas
desarrollar, como persona y ser reconocido socialmente. Al acosador le interesa
el estigma social que impone sobre su víctima.

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